El rey
Fernando de Aragón y su mujer, la reina
Isabel de Castilla, estuvieron vinculados a San Jerónimo de la
Murtra.
Cabe recordar que los Reyes Católicos estaban muy relacionados con
los jerónimos. Isabel tenía por confesor a un jerónimo,
fray Hernando de Talavera. Fernando ya había visitado San Jerónimo
de la Murtra en vida de su padre. En 1486-1489 el prior de la Murtra, fray
Benet de Sant Joan, se desplazó a Zaragoza en una misión
secreta, para hablar con el Rey Católico. Durante los años
1489-1491, Fernando ayudó en la construcción de la galería
de poniente del claustro; en cinco claves de vuelta se puede ver el escudo
de los Reyes Católicos, donde falta la granada de Granada que aún
no había sido reconquistada. Diversos personajes relacionados con
la Corte de los Reyes Católicos pasaron por San Jerónimo
de la Murtra y Badalona. Fray Pere Benejam, consejero de los monarcas,
de los duques de Cardona y de los condes de Prades, fue prior de la Murtra.
Otro
personaje importante vinculado con la Murtra y a la Corte de Fernando e
Isabel, fue Jeroni Albanell, abogado y funcionario real que fue regente
de la cancillería de Cataluña (1491-94) y después
del consejo supremo de Aragón. En 1489 Fernando le había
entregado, junto con Jaume Destorrent, el privilegio de la insaculación.
Albanell había donado treinta y cinco libras para hacer una clave
en el claustro, probablemente la de San Jerónimo, su patrón.
Cabe recordar también que el rector de Badalona a finales del siglo
XV era Bertran Enríquez de Lacarra, canonge de Barcelona y personaje
de gran ascendéncia en la corte de los Reyes. Citemos también
que el manuscrito “Practicas e costumes de la Rectoria de Badalona”, (1449)
se encuentra hoy en día en la biblioteca colombina de Sevilla porque
fue adquirido por Fernando Colón, segundo hijo del descubridor.
Acabándose
un siglo de guerras y epidemias, y completada la reconquista, los habitantes
de los reinos peninsulares buscaban una expansión más allá
del mundo conocido. La noticia de unas islas más allá del
océano, noticia que habría de cambiar la faz del mundo, llegó
a través de Cataluña y precisamente desde este antiguo monasterio.
Consta documentalmente que en el mes de abril de 1493 los Reyes Católicos
estaban en San Jerónimo de la Murtra y aquí recibieron al
navegante que aseguraba que había encontrado otro camino para ir
a las Índias: se llamaba
Cristóbal Colón. El admirante
dió cuenta a los monarcas de su expedición, y pidió
a un frayle del monasterio que lo acompañara en su segundo viaje.
Este frayle, llamado Ramon Pané, oriundo probablemente de Guissona,
se convertiría en el primer evangelizador y también en el
primer etnólogo de América, por la relación escrita
que dejó sobre los índios taínos que entonces poblaban
la Española, hoy en día, República Dominicana.
El
día 13 de julio de 1493 los Reyes reciben en San Jerónimo
de la Murtra al embajador de Francia y Fernando firma en el monasterio
diversos documentos.
De 1495 a 1498 fue prior de la Murtra
fray Guillem Fuster, bibliófilo, que procedía del Valle de Hebrón
y que se carteaba en latín con el archivero real, padre Miguel Carbonell
(1434-1517) y con otros hombres de relieve en la cultura catalana, como
los juristas Francesc de Casàgia i Joan Vilar, y los eruditos
Teseu
Valentí y Jeroni Pau. Este último, primo de Carbonell, era
helenista y fue familiar y bibliotecario de Alejandro VI. Fue una clara
imitación de los carteos humanistas. En tiempos de fray Fuster,
un fraile lego que se llamaba Bartomeu Tort, “gentil oficial y destre
mestre de cases” (según la crónica), “fizo allí
lo campanar tan famos y galart de que fins ara gozem y verem tant ben acabat”.
Tenemos suficientes datos, como para pensar que este campanario era el
mismo que hoy en día vemos, y que, años después, fue
modificado.
Entre
los años 1498-1501, siendo prior fray Agustí Galceran de
Gualbes, se construyó la vecina capilla de San Onofre. La construcción
fue posible gracias a los donativos del abad de Estany y de misser Rovira.
En el año 1502, en plena pujanza del monasterio, se habló
también de ampliar la iglesia, pero se desistió del proyecto
por las dificultades que comportaba. En cambio se acordó que se
alargaría con la misma amplitud. Pero una vez comenzadas las obras,
se paralizaron cuando apenas se habían realizado los fundamentos
del presbiterio y de la sacristía.
En el año 1505, gracias a fray
Pere
Benejam,
y por donación de Joan Ram y de Isabel Laplana, el monasterio obtuvo
el señorío del castillo y de la Villa de Tous, cerca de Igualada.
El hecho de poseer este señorío ocasionaría a los
frayles muchos problemas. Entre los años 1507-1508, en virtud del
testamento de la señora Violant de Cabrera, los monjes comenzaron
a construir la capilla de San Miguel, de la iglesia conventual. Las obres
acabaron en el trienio 1508-1511 y durante el trienio siguiente se realizó
el carner o vaso sepulcral de la capilla. Violant de Cabrera dispuso en
su testamento que los cirios de la capilla fueran fabricados con cera de
las ramas que rodeaban el castillo de Concabella. La mencionada sepultura
efectivamente se construyó en el año de 1506.
La relación de los jerónimos de
la Murtra con las comarcas de poniente continuba porque en los años
1511-1514 vistió el hábito fray Pere Vilaseca, natural de
Guissona, y durante 1523-26 fray Jaume Patau, natural de Bellvehí.
A
principios de 1514 prosiguieron las obras de la iglesia: se puso el vitral
del presbiterio y la puerta de la sacristía. En el capítulo
del 5 de marzo de 1532 se acordó adelantar las obras y se encargó
la dirección a Tomàs Berça, el autor del campanario
y del patio de los naranjos del Palacio de la Generalitat, de los Estudios
Generales de Barcelona y de la iglesia de Dosrius, entre otras obras. Berça
construyó el coro, que pagó el emperador Carlos I. El campanario
se subió y se colocó un reloj según se explica en
la crónica: “alçà lo campanar una llanterna més
alt del que estava, que costa molts rals que sols de las teulas envernissadas
se pagaren a mestre Mates quatorse lliures y setse sous, y per daurar lo
pom y bandera del campanar o lo panell, tres lliures dotze sous mes. Sense
estas obras feu lo pare Prior un relotge que sols la campana de les hores
costà deu lliures y lo relotge
quinze”.