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El Primer Evangelizador de América salió
de Barcelona
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Fray Ramon Pané, Monje de la
Murtra
Cuando Cristóbal Colón
emprendió el segundo viaje a América, el 25 de septiembre de 1493, le acompañaba,
entre otros eclesiásticos, un fraile jerónimo llamado Ramon Pané. Pané
era un lego, “de mucho celo y de poca instrucción”. El mismo se califica
como “pobre ermitaño”, el Padre Las Casas dice que era un “hombre
simple y de buena intención”.
Pané
residió un año en la comarca de Macorix de Abajo, sujeto al señorí de Guavaoconel.
Allí aprendió la lengua que se hablaba (una de las tres de la isla de Haití)
siendo el primer predicador del Evangelio en el Nuevo Mundo. Posteriormente se
trasladó a la Vega Real, señorío del cacique Guarionex, allí adquirió
la lengua más general de la isla y continuó su apostolado. Residió un par de
años, hasta que fracasada la conversión de este cacique y de su familia, se
fue a buscar otro señor influyente que se llamaba Maviatue. Por aquel
entonces ocupaba el gobierno de la Española “el Adelantado” don Bartolomé
Colón, lugarteniente de su hermano Cristóbal que regresó a
Castilla. Esto nos traslada a últimos meses de 1497 o a primeros de 1498.
La fecha cierta más reciente que
tenemos de Fray Ramon Pané es la de 1502, porque en abril de aquel año
el licenciado Bartolomé de Las Casas llegó a la Española donde le
conoció y trató.
Por orden del almirante, el buen
fraile, inquirió todo lo que supo de los ritos, religión y antigüedades de
los indios, escribiéndolo en una “Relación”, que es el primer
documento etnográfico de América. Las largas citas que de esta obra hizo
Las Casas garantizan la autenticidad de la obra del jerónimo ermitaño.
También fue aprovechada por Pedro Mártir de Angleria (Décadas ó Epístolas)
y por el Trevisario.
Sin embargo, ese manuscrito de Pané
no se ha encontrado. Seguramente se lo llevó Colón a España en 1498 y
por esta razón su hijo Fernando lo incluyó entero en el capítulo 61 de
la “Historia del Almirante Don Cristóbal Colón”, pero este
manuscrito de Fernando Colón tampoco se ha encontrado hasta la fecha.
Por suerte Alfonso Ulloa lo tradujo al italiano y se imprimió en
Venezuela en el año 1571. La versión italiana contiene íntegramente el libro
de Pané, en una traducción no muy buena, pero que por suerte salvó el
texto.
Una
identidad clarificada
Un problema que no ha estado
resuelto hasta la fecha es el de la
identidad de este fraile. El mismo nombre exacto de Pané es dudoso. Lo más
probable es que se llamara Ramon Pané o Paner, pero algún autor como Monte
y Tejada le llamó Pons, posteriormente Ulloa (1930) le
identificó como Ramon Pons del Priorato Agustino de Santa María de Ullà
(Bajo Ampurdán).
Nicolau d’ Olwer
cree que seria más correcto Paner, y acepta la forma más generalmente
transcrita de Pané.
Augusto Panyella
ha dejado claro que una de las razones para no confundir a Ramon Pané
con Ramon Pons es el testimonio del propio fraile que en la primera página
de su texto se define como “Pobre ermitaño de la orden de San Jerónimo”.
Hay que decir que el nombre de
“ermitaño” puede resultar ambiguo si alguien no conoce la orden jerónima.
El Papa Gregorio XI fue
quien restableció la orden concediéndoles la regla de San Agustín: “Porque
afirmasteis que teníais especial devoción al Señor San Jerónimo, confesor y
doctor de la Iglesia, el cual primeramente vivió en el yermo de la vida eremítica
y solitaria, y después vivió en el monasterio con frailes, y deseáis ser
nombrados debajo de su apellido y tener su título y nombre santo…[i]
.Por esta razón el nuevo orden monástico se llamará de frailes o ermitaños
de San Jerónimo.
Por otra parte, parece evidente que
fray Ramon era catalán en primer lugar por su apellido, y en segundo
lugar por el testimonio del Padre Las Casas que le define: ”Como
persona que no habla del todo bien nuestra castellana lengua como fuese catalán
de nación”.
Si Fray Ramon era ermitaño
de San Jerónimo y catalán, sólo podía proceder de dos monasterios uno de
ellos ya desaparecido y el otro aún en pie: San Jerónimo del Valle de Hebrón
o San Jerónimo de la Murtra.
Las dos comunidades jerónimas tenían,
naturalmente, muchas conexiones queriendo incluso haberse unido, pero las cláusulas
fundacionales lo impidieron. La comunidad más vinculada a los Reyes Católicos
y a Colón fue indudablemente la de la Murtra.
La hipótesis, por tanto, fluye con
mucha congruencia: Ramon Pané era un fraile lego de la comunidad de la
Murtra. Cuando en abril de 1493 los Reyes Católicos estaban allí,
recibieron a Cristóbal Colón, el almirante debió conocer aquel fraile,
famoso ya posiblemente por su sapiencia, su amor por las plantas y sus
aplicaciones medicinales.
No sería imposible que Colón
ya le hubiera conocido previamente en la anterior estancia que hizo en la Murtra
con los Reyes Católicos antes del Descubrimiento. También es posible
que Fray Pere Benejam, fraile de la Murtra y consejero de los Reyes,
hubiera influido en su enrolamiento en el 2º viaje de la aventura colombina.
Hay aún otra posibilidad, y es que
Pané no fuera apellido, sino apodo. Por ejemplo, Fray Llorens,
hermano lego, que había sido consejero del rey Juan II, era conocido
vulgarmente por el “hospitalario” y Fray Pere Arnau era también
conocido por “Pere Forner” (Hornero) porque era quien hacía esta
oficio en la comunidad.
¿El nombre de Paner
–cesta del pan- no podía aludir a algún cesto en que este fraile recogiera
sus muestras de plantas? O ¿no sería cestero de oficio?
Desgraciadamente la crónica del
monasterio de aquellos años se perdió, pero la historia parece plenamente
congruente. Un humilde fraile de este convento catalán, que ni tan solo esta
ordenado, llegó a ser el primer evangelizador y etnólogo del Nuevo Mundo.
* Publicado en la
revista RE (Edición castellano), 2.ª etapa, número 4-5. pp. 40. julio-agosto
de 1989
[i] ORTIZ, A. Los caballeros
encerrados (monjes Jerónimos) Madrid, 1961, p.143

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