Actividades año 1995

El paraíso perdido en las obras de Mihai Eminescu y Jacinto Verdaguer

Vª Orele Europene Ale României

Dos grandes poetas coetáneos recordados en Bucarest

Mihai Eminescu (1850-1889), considerado uno de los máximos poetas rumanos contemporáneos y el padre Jacinto Verdaguer (1845-1902) el príncipe de los poetas catalanes, fueron recordados en el transcurso de la Vª Orele Europee Ala Romaniei (quinta Hora Europea en Rumania) celebrada el pasado día 7 de diciembre, en la Academia de Música de Bucarest.

El acto contó con el apoyo de la Sociedad Rumano-Catalana “Ramón Llull”, la Fundación Catalunya-América (Salas Ramón Pané), el Museo Verdaguer (Vil·la Joana-Vallvidrera) y la Comisión de Lectorados de la Generalitat de Catalunya.

En el transcurso del coloquio se establecieron paralelismos entre la vida y la obra de ambos poetas. Se puso de relieve que Verdaguer y Eminescu tienen en común, entre otros rasgos, su origen rural, su carácter en buena parte autodidacta, su exquisita sensibilidad, la riqueza de su vocabulario, que les hace figuras emblemáticas en sus respectivas lenguas, y una vidas con episodios de incomprensiones que aún hicieron mayor su popularidad.

Ambos cultivaron la belleza de la libertad, por eso, tanto Eminescu como Verdaguer están aún muy vivos en sus respectivos países y sus composiciones a menudo son cantadas. A pesar de que a Eminescu no se le recuerda especialmente como un poeta religioso como a Verdaguer, tiene composiciones de gran profundidad dedicadas a la Virgen y también algunas plegarias.

Poetas para ser cantados

El acto comenzó con un concierto de guitarra a cargo de Laura Cionega y Silviu Stoica que interpretaron “Estudio para dos guitarras”, del compositor catalán V. Pujol y “Mig duo” del rumano F. Carulli. Seguidamente la soprano Elena Dediu, acompañada por la pianista Lavinia Coman, interpretó “Por encima de las cumbres” de Eminescu, con música de C. Petra Basacopol, “Pajaritos soñolientos” también el poeta rumano, con música de Gh. Dima, y las verdaguerianas “La hiladora” y “La sombrita”, canciones populares catalanas.

Puso el punto final el grupo coral “Melos” que interpretó “¿Por qué te meces bosque?” (Letra de M. Eminescu y música de G. Scheletti), “En medio del bosque espeso” (Eminescu/P. Constantinescu) y el “Virolai” (Verdaguer/Rodoreda).

Siguió el coloquio con la participación como invitados especiales de la profesora Corina Popescu, lectora universitaria e investigadora en el Instituto de Historia y Literatura G. Calinescu de Bucarest, el Dr. Jaime Aymar, decano de la Facultad de Historia de las Universitas Albertiana de Barcelona, y el periodista Mauricio Chinchilla, representante de la Fundación Catalunya-América.

En el marco del coloquio, moderado por la profesora Lavinia Coman, un grupo de alumnos de catalán de la Universidad de Bucarest leyó versos de Eminescu y de Verdaguer, en catalán y rumano, dos lenguas también hermanas en su origen y con muchas palabras comunes.

La visión libre del sueño

La profesora Corina Popescu dijo que había sido una auténtica sorpresa la propuesta de aquel encuentro y subrayó que uno de los principios de la obra de Eminescu es la exposición libre del sueño. Dijo que en este poeta la palabra “sueño” se debería poder traducir por “visión”: “el artista ha tenido la visión del paraíso, él a veces describía un mar de sueños y otras como un rebaño de ovejas, pero a pesar de todo se daba cuenta de que en estos espacios no estaba la verdad, sino que ésta se encontraba más allá”.

Añadió que en los años 60 se subrayaba la predilección de Eminescu por las antinomias, pero que las nuevas generaciones de estudiosos remarcan más la voluntad del poeta de resolver los contrastes por una unidad: el ideal. “En este sentido, el héroe, el revolucionario, el creador, el artista, el mago, tienen la pretensión de comprender el universo y se acuerdan de la existencia de un mundo ideal y buscan cómo llegar hasta él.  Personifican la rebelión y la voluntad de revolver el orden existente, teniendo siempre como principio de sueño, entendido como esta visión del ideal”.

Según la profesora Popescu “en clave sociológica, en Eminescu hay la fascinación por la filosofía oriental y la salvación del alma en clave cristiana”. Eminescu a semejanza de Verdaguer tampoco había visto nunca el mar pero dejó dicho que cuando muriera quería ser enterrado en un bosque cercano a él desde el cual pudiera escuchar el rumor de las olas.

El profesor Aymar dijo que poetas como Verdaguer o Eminescu han contribuido y todavía contribuyen a la paz, porque ambos han cultivado la belleza y ésta tiene la virtualidad de serenar, de sosegar, de limar asperezas y deviene punto de encuentro entre personas y entre pueblos.

Añadió que el pueblo había comprendido la grandeza de Verdaguer, de otra manera no se explicaría la extraordinaria manifestación de luto popular que representó su entierro al que asistieron trescientas mil personas. Las calles de Barcelona no habían visto ni han visto nunca más una manifestación de duelo semejante.

Explicó esta popularidad diciendo que Jacinto Verdaguer había sintonizado con la sensibilidad de la gente y esta sintonía había sido posible gracias a la extraordinaria divulgación de su obra. Así, por ejemplo, de la “Oda a Barcelona”, el alcalde de la ciudad,  Francesc de Paula Rius i Taulet, ordenó una tirada de 100.000 ejemplares con motivo de la Exposición Universal de 1888. Entonces Barcelona tenía unos doscientos setenta mil habitantes, esto quiere decir que podía haber un ejemplar de la Oda en cada casa.  Dijo que la Oda fue traducida, entre otras lenguas, al castellano, al francés, al italiano, el inglés, al alemán y también al rumano por parte de Josep Duap.

Verdaguer procedía de Folgueroles, un pueblo de la Plana de Vic, una llanura que tiene una grandiosidad que ensancha horizontes: aquel cielo que tiene encima puede compararse al mar, y las nubes que pasan son los barcos con sus velas extendidas que lo atraviesa. Esta gran explanada rodeada de montañas debía parecerse a la de Plevna, escenario de la campaña de los Balcanes, en la cual los rusos aliados con los rumanos, serbios y montenegrinos derrotaron a los turcos, en 1877. La memoria de esta batalla atravesó las fronteras. El hecho de exhibirse durante la Exposición Universal de Barcelona de 1888 un diorama de la batalla de Plevna, hizo que los veraneantes de San Julián de Vilatorta, cerca de Folgueroles, estableciesen un paralelismo entre lo que veían desde un extremo de la población, toda la Plana de Vic, y aquel lugar rumano con la ciudad mencionada y crearan un topónimo popular que perdura. Verdaguer conocía bien estos hechos.

Más allá de Europa

El periodista Mauricio Chinchilla, en el transcurso de su intervención, remarcó que los poetas lo que hacen es buscar incansablemente. En Verdaguer su búsqueda se refleja en todas sus obras, tanto en las más religiosas como en los desesperados gritos de sus artículos “En defensa propia”, después de haber sido tildado de loco y de haberle sido suspendidas las licencias para decir misa. Añadió que “esta búsqueda no es otra que la de cualquier hombre, es decir la búsqueda de libertad si no exterior a él, sí en su interior”.

Dijo también que ya de joven Verdaguer decía que por ver América (símbolo, en cierta manera, de la tierra prometida) “se dejaría cortar un brazo” y comentó que para un campesino “el brazo” es algo muy importante, es la fuerza y la destreza, la vida.  Chinchilla dijo también que el mar “es símbolo de libertad, de belleza y de universalidad, el horizonte en el cual se reflejaba el poeta”.

La Atlántida”, es el máximo poema épico escrito por un catalán sobre el Nuevo Mundo.  Después del hundimiento del mítico continente, Colón se sintió empujado a ir más allá.  Verdaguer, que se identificaba con Colón, quería ir más allá a pesar de sentir la añoranza de la patria, que se confundía con la nostalgia del cielo.

Lavinia Coman concluyó que hay pocos hombres como Eminescu o Verdaguer por esto el conocimiento de su vida y obras resulta tan interesante. Lo que les hace particularmente atrayentes es que ambos, a pesar de las dificultades que les tocó vivir, supieron ser felices.
 

 
 

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