La Esclavitud

 

En el siglo XV, un gigantesco tráfico se puso en marcha entre Europa, África y América. Durante cuatro siglos, entre doce y quince millones de hombres fueron transportados en el fondo de las bodegas, como mercancías, a través del océano Atlántico. Eran africanos, negros, cambiados en África por productos europeos a menudo insignificantes. Los comerciantes europeos que vivían de este tráfico recibían el nombre de “negreros”.

 A partir de su segundo viaje, Cristóbal Colón condujo un cargamento de esclavos al continente americano. Sin embargo, fueron los portugueses quienes verdaderamente iniciaron el sistema: en el siglo XVI, para promover las plantaciones azucareras en Brasil, llevaron a cincuenta mil negros. A continuación en las Antillas se hizo otro tanto.

 La organización de una campaña negrera no era asunto fácil. En navío negrero recorría los mares y los océanos a menudo durante do o tres años sin regresar a su puerto. Hacía falta un buen navío, una tripulación a toda prueba para conducirlo y mercancías para el trueque: objetos de quincallería, bisutería y espejos de pacotilla, telas de algodón, armas... Pero sobre todo se requería de un negociante firme.

Temida, temible, la travesía del Atlántico en un navío negrero merecía su reputación. Las cifras hablaban por sí mismas: de unos doce a quince millones de negros transportados durante el período de la trata. Murieron en ruta de un millón y medio a dos millones. La travesía del Atlántico en un busque negrero significaba varios meses de viaje en unas condiciones de hacinamiento y de falta de higiene espantosas.

La mayoría de las plantas tropicales exigían de un trabajo considerable. Azúcar, café, algodón, arroz, índigo, tabaco, todos estos cultivos requerían una mano de obra abundante y particularmente resistente. Antes de la importación masiva de negros de África al continente americano, se habían intentado varias soluciones.

 Durante mucho tiempo en Estados Unidos se minimizaron las revueltas de esclavos. Sin embargo, fueron muy numerosas. Y en los propietarios de mano de obra negra les tenían un miedo permanente. Por esto, todo intento de sublevación se reprimía con extremada crueldad. Aparte de la revuelta, existían pocos medios de escapar a la esclavitud: uno era la liberación, otro era la fuga.

 A partir de la abolición, sobre todo en Estados Unidos, la tensión no dejó de aumentar entre blancos partidarios de una segregación y blancos defensores de la igualdad social (los nordistas). Este sentimiento degeneró en odio. Un odio que suscita después de más de un siglo, enfrentamientos de una violencia inaudita y que abriría un foso a menudo dramático entre blancos y negros americanos.

 En 1815, el Congreso de Viena, bajo el impulso de los ingleses, condenó solemnemente la trata de negros asimilándola a la piratería. Las grandes potencias europeas abolieron finalmente la trata en 1818 por el tratado de Aix-la Chapelle, preludio del final de una época afortunada para los plantadores sudistas. Finalmente, en 1823, los abolicionistas ingleses fundaron la Sociedad contra la esclavitud.

 La esclavitud, practicada intensivamente durante varios siglos, no se suspendió de un solo golpe. Ni mucho menos. En varios puntos del mundo se ha prolongado hasta el siglo XXI bajo formas diversas y con motivaciones diferentes.

 No hay que olvidar que gracias a la presencia de negros, así como de los blancos europeos en tierras americanas es que se ha forjado lo que son hoy en día los habitantes de esas latitudes.

La Fundación quiere rendir homenaje a todos esos hombres y mujeres, que con su sudor y sufrimiento y a lo largo de la historia han ayudado a construir la actual historia del continente americano. Desde luego que sin ellos y sin su presencia, muchos de los actuales países no serían lo que son y no por su geografía física, sino sobre todo, por su geografía humana y cultural.
 

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