Un catalán en la cuna de América

Entrevista a Josep Mª Cruxent, Arquéologo de La Isabela

A sus 78 años rezuma optimismo y vitalidad. Curtido por el sol del Caribe, con pantalón corto y camisa abierta –y a veces sin ella-, se mueve incansable entre los palos que señalan los antiguos bohíos (chozas). Da instrucciones y atiende solícito a los visitantes de todo el mundo que acuden a este paraje de creciente interés arqueológico. Se llama Josep María Cruxent Roura y nació en la entonces villa de Sarriá (Barcelona) en 1911. Al terminar la guerra civil española marchó a América. En Venezuela fundó una Cátedra y dirigió el Museo de Ciencias Naturales (1945-1963). Artista, fitopatólogo, museólogo, llegó a ser uno de los máximos expertos en arqueología americana. Desde hace casi cuatro años, trabaja en las excavaciones de La Isabela, al Norte de República Dominicana, un enclave fundamental para la historia de América porque fue la primera ciudad de europeos en el Nuevo Mundo.

- El primer asentamiento no fue aquí -donde nos encontramos en este momento entrevistándole- sino un poco más al Oeste, en la Breña. Fue en el segundo viaje de Colón, en 1493, cuando se construyó la primera aldea que tenía unos doscientos bohíos.

- Y ¿por qué luego se trasladaron aquí?

- Porque éste es un lugar estratégico. Después de haber visto la destrucción del fuerte de la Natividad que dejaron en su primer viaje, tenían miedo.

- ¿Cuándo se trasladaron a este sitio más alto?

- Después de dos o tres meses de estar en la Breña junto a la playa. Cuando estuvieron bien equipados comenzaron a construir.

- ¿Cuánta gente era?

- Unos mil quinientos.

- ¿Cuánto tiempo estuvieron en La Isabela?

- La estancia duró cinco años, poco más o menos.

- ¿Qué tal la convivencia con los indígenas?

- Bueno... (sonríe) Puede decirse que a los nueve meses todos eran mestizos.

- ¿Cómo ha podido establecer el perímetro de la ciudad después de haber sido prácticamente arrasada?

- El arqueólogo debe saber improvisar una técnica. Yo he localizado los agujeros donde clavaban los palos de los bohíos, también los que sostenían los chinchorros o hamacas.  Pero nos encontramos con un lío mayúsculo.

- ¿Cuál?

- Los cangrejos. También ellos hacen agujeros. ¡Más que los españoles! Nuestro trabajo ha sido saber discernir qué agujeros hicieron unos y cuáles los otros.

- ¿Cómo lo han logrado?

- Los agujeros de los cangrejos son más endebles y húmedos. Los hechos por mano humana son más profundos y la tierra está más prensada.  Al clavar los palos percibimos la diferencia.

- Un trabajo laborioso...

- Mucho, pero ha dado resultado.

- ¿Cómo se le ocurrió usar este método?

- (Sonríe) Es que los catalanes  tenemos bastante imaginación controlada.

- Volvamos a la ciudad ¿qué características tenía?

- Todo  era militar y aristócrata, residía el clero, las autoridades civiles...

- ¿Todo eran bohíos?

- No. Había algunas edificaciones en piedra: la iglesia, la segunda casa de Colón, la torre con el observatorio, el polvorín...

(Mientras hablamos vamos recorriendo el asentamiento entre filas de palos perfectamente alineados)

Sigue el profesor:

Aquí había una gran intendencia, más allá unos mingitorios públicos. También había que pensar en eso...

- ¿Habría plazas?

- Sí, una grande, frente a la iglesia. Lo hemos deducido porque hay una gran zona sin agujeros...

(Nos muestra ahora el perímetro rectangular de la antigua iglesia)

- ¿Fue aquí donde se celebró la primera misa en América?

- (Nos mira con suave escepticismo) En el segundo viaje iban varios frailes y entre  ellos había algunos sacerdotes. Si desembarcaron en La Breña y tardaron varios meses en subir a La Isabela, ¿creen que hubiesen esperado tanto para celebrar misa? Yo no lo creo.

Sr. Cruxent, ¿Cuál es la significación de La Isabela?

- Hoy muchos tratan de opacar su importancia. Un yacimiento arqueológico no luce tanto, dicen. Pero de aquí parte todo. El indio da al español y éste al indio. Aquí nacen los primeros mestizos. Aquí empieza el comercio de hamacas, el primer cultivo de caña de azúcar... Aquí hubo el primer ayuntamiento, la primera iglesia, la primera villa... La Isabela es el punto prístino de lo que se vivió después en América.

- ¿Cómo ve el futuro de ese gran asentamiento arqueológico?

- De cara al V Centenario parece inevitable que todo esto se comercialice. El desarrollo es arrollador: muchos han puesto los ojos en este lugar privilegiado y ya han comenzado a edificar.

- ¿Le preocupa?

- ¡Claro! El paisaje también forma parte de la arqueología y debe conservarse.

- ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

- Descubrir que detrás de cada hallazgo siempre vemos al hombre.

Josep Mª Cruxent, un catalán universal es el hombre que hoy está “repristinando” la primera ciudad de Europa en América a partir de los vestigios que junto a su equipo, tenazmente, amorosamente, va sacando a la luz.

Celestino Torres es un dominicano que forma parte del equipo de Cruxent. Mientras éste acaba de enseñar los restos de La Isabela a un grupo de visitantes, Celestino nos acoge con un hablar lleno de hidalguía. Hace gala de una memoria prodigiosa:

Colón volvía medio esquivoso del Fuerte de la Natividad donde habían matado a todos los hombres que él dejó en el primer viaje, y por eso se vino acá. Él iba en busca del valle Cipango de que tanto le hablaron, y desde La Isabela no dejó de hacer exploraciones.  Los primeros pasos que hizo Colón fueron hacia una villa llamada Mannei, le puso “paso de los hidalgos” en recuerdo de los hidalgos que colaboraban con la reina Isabel La Católica que es quien había dado el nombre a esta, ciudad donde estamos. Después llegó a un lugar  que aún hoy se llama Esperanza, porque Colón dijo “hay esperanza”. Al llegar a un gran valle llamado “eisivao” por los indígenas, el Almirante creyó que era Cipango puesto que los indios hablaban con una resonancia especial, por ejemplo, para decir palo, decían “paló”. Cuando Colón llegó a la Vega Real, ¡incluso besó la tierra que era y es tan fértil! En la Vega Vieja todavía se conservan muchos restos de esta época. (Hace poco descubrí, cerca de la Breña, un horno, bastante grande, para cocer tejas y cerámica... ¡es el primer horno de América!)

Después el Almirante ya dio orden para seguir hasta el Río Ozama hasta el lugar que llamaron la Nueva Isabela. Es el lugar donde hoy se esta construyendo el faro a Colón y que los españoles tuvieron que abandonar por la plaga de hormiga. De ahí fueron a la otra ribera, y allí fundaron la actual Santo Domingo. Esta Isabela, la antigua, quedó desmantelada y ahora nosotros la vamos rescatando del olvido”.
 

* Publicado en la revista RE (Edición castellano), 2.ª etapa, número 7. pp. 44-46.
 

 
 

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