Carlos I y Felipe II en San Jerónimo de la Murtra

 

Este año (1998) se celebran cuatro siglos de la muerte del rey Felipe II en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, ocurrida el día de San Juan Crisóstomo del año 1598. En el 2000 harán quinientos el nacimiento, en Gante, del emperador romano-germánico Carlos V (1500), conocido también como Carlos I de Castilla y de Cataluña-Aragón.

Tanto Carlos como su hijo Felipe II protegieron a los jerónimos y los dos eligieron pasar los últimos años de su vida rodeados de estos frailes: Carlos I  murió en Yuste y Felipe II, como hemos dicho, en El Escorial. Quizás es menos conocido que los dos  estuvieron vinculados al monasterio de San Jerónimo  de la Murtra, en el término de Badalona (Barcelona), que le otorgaron gracias y que  vivieron algunos episodios de su vida. Para conmemorarlo, la Fundación Catalunya-América y el Ámbito “Francesca Güel”, que tienen su sede en este antiguo monasterio, preparan para el año próximo una exposición destinada a dar a conocer la vinculación de las dos figuras con el monasterio catalán y su proyección americana.

Carlos I, fray Alsina y el coro

El Emperador Carlos I, muy joven y acompañado de un lucido séquito, se presentó por primera vez en la Murtra la Semana Santa de 1519. En aquella ocasión confirmó al prior, fray Pere Benejam, todos los privilegios y las gracias que sus antepasados habían otorgado al monasterio. Recordemos que los abuelos maternos del emperador, los Reyes Católicos, residieron y recibieron a Cristóbal Colón (1493).

Carlos I regresó a la Murtra el año de 1535, durante el priorato de fray Pere Alsina, hijo de Cardona, una de las figuras más  destacadas de la historia del monasterio. Dicen las crónicas que este fraile era muy inteligente y que se salía bien de todo lo que emprendía. Carlos I lo tenía en gran estima y siempre que fue a Barcelona subió para pedirle consejo. También se habían aconsejado con él los duques de Calabria y de Cardona y la reina Germana de Foix, segunda esposa de Fernando el Católico. Fray Alsina escribió varias biografías y llevó el hábito de los jerónimos sesenta y ocho años hasta su muerte.

La madrugada del 13 de junio de 1527 los piratas había asaltado por sorpresa Badalona. Se vieron morir muchos de sus habitantes y treinta mujeres y niños fueron llevados cautivos para ser vendidos como esclavos en el mercado de Argelia. Entre los badaloneses asesinados estaba Bernat Muntells, zapatero, que había pedido en su testamento que le hicieran las exequias en el monasterio de San Jerónimo de la Murtra y, para este acometido, había dejado diez libras y catorce sueldos, según consta en el libro de las crónicas del monasterio. El hecho debió ser comentado por los frailes al emperador, así como las angustias que los frailes pasaban por las amenazas de asalto al monasterio. De hecho, fue en esta visita que el emperador planificó la conquista de Túnez. La escuadra formó en la desembocadura del río Besòs.Hay un tapiz conservado en el Alcázar de Sevilla, obra de Guillem Pannemaker, sobre dibujos de Juan Vermay, del siglo XVI, en el cual se ve a Carlos I pasando revista a tropas. En el centro se ve bajo un árbol (quizás una Murtra) al emperador y un fraile jerónimo.

Para conmemorar esta campaña se realizó una gran pintura mural en la cabecera del refectorio de la Murtra donde aparece el emperador con la emperatriz. Isabel de Portugal, el virrey, Francisco de Borja, la esposa de éste, Eleonor de Castro, el almirante Andrea Doria que dirigió la escuadra imperial y el prior del monasterio, el ya citado fray Pere Alsina. Esta pintura parece aludir también a otro hecho que aconteció cuando Carlos visitó por tercera vez la Murtra el año de 1538. Permaneció allí desde el Miércoles Santo hasta la Pascua de Resurrección. Durante el oficio de lamentaciones, el prior cantó la primera y mereció el elogio del emperador, que era también músico. Después, como las voces de los otros frailes desmerecían la del prior, el emperador pidió que cantara él solo el oficio.

En aquella visita, Carlos I dio a la comunidad jerónima de la Murtra cien escudos que se aplicaron a la obra de la bóveda de la iglesia conventual y a mucha parte del coro (destruida en 1835) por eso estaban esculpidas en las claves de bóveda las águilas imperiales; una de éstas aún se conserva fragmentariamente. Las obras las dirigió el maestro  Tomás Berça. En aquellos años el campanario fue reforzado y se le colocó un reloj. Según la crónica, Berça “alzó el campanario una linterna (medida) más alto de lo que estaba, que costó muchos reales que sólo las tablas barnizadas se pagaron al maestro Mates catorce libras  y dieciséis sueldos, y por dorar el pomo y bandera del campanario o el panel, tres libras doce sueldos más. Además de estas obras hizo el padre Prior un reloj que sólo la campana de las horas costó diez libras  y el reloj quince”.

Carlos I creó en 1524 el Consejo de Indias que organizó la administración colonial: virreinatos de Nueva España (1535) y del Perú (1542). Se ha escrito que el jerónimo fray Ramón Pané le envió desde La Española las semillas de la cohoba, planta que usaban los indios taínos para sus rituales.

Felipe II, el brotador y las confituras

En mayo de 1581 el rey Felipe II visitó el monasterio de San Jerónimo de la Murtra, acompañado de su  hijo, el futuro Felipe III, que permaneció en la vecina Torre Pallaresa, entonces propiedad de la familia Cassador. Lo acompañaba también su hija mayor, Isabel Clara Eugenia (con quien el rey sostuvo una correspondencia que muestra su faceta más humana), el obispo Jorge de Tayde, primado portugués (al cual el rey nombró capellán mayor, dado que Felipe II era entonces también rey de Portugal) y el almirante Juan Andrea Doria (sobrino  del que había ayudado a Carlos I).

Cuenta la crónica del monasterio que, después de rezar vísperas, los ilustres visitantes entraron al edificio monástico llamado “Obra Nueva”, donde el prior había dispuesto la colación de tres buffets llenos de confituras y frutas y que, aunque el rey y la infanta no probaron nada, elogiaron el orden de la presentación de los platos. Antes de marchar, el rey señaló tres o cuatro para que los llevaran al príncipe. Pero al salir el rey y la infanta, unas damas del séquito, seguramente hambrientas del largo camino, se lo comieron casi todo. Cuando el prior le preguntó al monarca pro qué no había dado licencia a la infanta y a las damas para que hiciesen colación, éste respondió: “hoy es ayuno de la Iglesia y es bien que todos lo guardemos”. Felipe II elogió también el brotador central del claustro. Es tradición que el monarca oyó misa desde una estancia, a través de una ventana que se abre al costado de la epístola de la antigua iglesia conventual, hoy en las Salas Ramón Pané.

El rey ayudó económicamente dos veces al monasterio. La primera le concedió mil libras, pero como el monasterio de San Jerónimo del Valle de Hebrón, enterado del donativo también pidió uno, el soberano les ordenó que se lo repartiesen, cosa que no agradó a los frailes de la Murtra. En la segunda ocasión, que fue en 1584, Felipe II hizo concesión a la comunidad de poder sacar de Sicilia 200 toneladas de trigo, libres de impuesto.

Felipe II, responsable de las posesiones españolas en México, Perú y el Caribe, encargó al médico de la corte, Francisco Hernández (1570) un estudio de la historia natural de Nueva España (México). Hernández vivió entre las tribus indígenas y realizó una labor de captación botánica y faunística muy notable. Compiló sus investigaciones en varios volúmenes de texto y dibujos que envió de regreso a España, junto con semillas y plantas para un futuro jardín botánico real en Aranjuez.
 

 
 

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