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Un retrato del Emperador Carlos I en el
Monasterio de la Murtra
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A
José Barrenechea, excelente pintor, in memoriam
Durante
los meses de julio a septiembre de 1990, un equipo del centro de conservación y
restauración de bienes culturales muebles, de la Generalitat de Catalunya,
dirigido por la Profesora madrileña
María Reyes Jiménez de Garnica, contribuyó a la restauración del
antiguo Monasterio de San Jerónimo de la Murtra (Badalona). La intervención de
mayor importancia fue en la pintura del testero del refectorio del monasterio.
Tras un paciente trabajo de limpieza, consolidación y contraste, han aparecido
una serie de detalles de esta pintura que antes era muy difícil percibir o
estaban ocultos y que, tras el estudio iconográfico que sigue, permiten
concluir que se trata de una gran pintura de época que representa al Emperador Carlos
I con algunos personajes de su corte.
Una Santa Cena que no
complació a los jerónimos
La única referencia documental que hasta el momento se ha
encontrado de esta pintura se halla en la crónica del Monasterio
correspondiente al trienio 1554-57, siendo prior Fray Agustín Sumes. Se
dice que en estos años “se pintó la Cena que hoy está en el refectorio
aunque bastante malamente, que cabe pensar que si el padre prior creía que no
tenía que salir mejor no hubiese permitido que se pintara y así la buena
voluntad se le agradeció al pintor más que la obra, pero también pagaron la
obra según el trabajo, ya que no dieron al pintor más que un doblón, y al
criado dos reales de propina” (Archivo de la Corona de Aragón, Monacales
de Hacienda, n. 2516, folio 241). La restauración ha confirmado, en efecto, que
el trabajo fue defectuoso, hecho directamente sobre el mortero, sin preparación.
La composición tiene además escaso sentido de la perspectiva y el dibujo es
algo tosco. No obstante, el valor histórico y testimonial del mural puede ser
muy grande como veremos.
Descripción
La pintura, como hemos dicho, se halla en el testero del
refectorio de los frailes, la espaciosa pieza que mandó construir el rey Juan
II de Cataluña-Aragón a finales del s.XV. Aparece
con el fragmento superior de una gran superficie pintada. La restauración
ha puesto de manifiesto que al menos dos terceras partes de la pintura total se
han perdido, e incluso que el fragmento conservado fue en alguna época
recubierto con cal. En su parte superior, inmediatamente debajo del arco toral,
hay una inscripción que dice ESVS PASCHALIS AGNI LEX, es decir, “El banquete
pascual es el memorial del Cordero”, lo cual prueba que efectivamente se
trataba de una Santa Cena, tal como indica el documento arriba mencionado. La
escena representa diversos personajes nobles apoyados sobre una balaustrada que,
a su vez, sustenta unas cariátides sobre las que reposa una cornisa con la
mencionada inscripción.
El primero de la izquierda es un personaje negro muy
inclinado sobre el arco toral y mirando hacia abajo. A sus pies, y asomando
entre los balaustres, hay la cabeza de un perrito, uno de los elementos que ha
puesto de relieve la reciente restauración y que antes estaba escondido por la
cal sobrepuesta. Después aparece una dama muy elegante, con vestido de pliegues
majestuosos vista frontalmente con las manos casi cruzadas sobre el pecho, y
detrás de ella un hombre noble, visto de perfil, con barba.
Después otro hombre, con una capucha y con barba mirando también hacia
abajo, una dama girada hacia él con una bandeja en las manos. Después, un
animal sobre la baranda que hasta ahora se pensaba que era un mono, pero que
ahora creemos que es un gato, por las razones que aduciremos. A continuación,
otro personaje, muy característico, con barba bien poblada, parece hablar con
un religioso que tiene la boca abierta como si estuviera cantando. El último
personaje es una mujer, también inclinada y en actitud de leer un libro.
Identificación
Mi hipótesis es que esta pintura, de escuela veneciana,
representa unos personajes bien concretos que habían pasado por el monasterio.
Creo que el tercer personaje comenzando por la izquierda es el Emperador Carlos
I que había estado en la Murtra diversas veces desde 1530 hasta 1538.
Consta documentalmente que el llamado Cesar preparó en San Jerónimo de
la Murtra la conquista de Túnez (1535). La dama de las manos cruzadas que hay a
su lado, es su esposa, Isabel de Portugal (1503-1539), la emperatriz de
famosa belleza que fue retratada magistralmente por Tiziano y esculpida
por Pompeo Leoni. Era hija de Manuel de Portugal y de María de
Castilla. En 1526 contrajo matrimonio con Carlos I. Fue madre de
Felipe II, de María emperatriz de Alemania y de Juana,
reina de Portugal. La emperatriz Isabel estaba especialmente vinculada a
la Ciudad Condal: era muy devota de la Capilla de la Piedad de Barcelona y después
de una enfermedad, hacia 1532/33 ofreció su cabellera, muy rubia y abundante,
al sepulcro de Santa María de Cervelló, en la iglesia conventual de la Merced.
Isabel, después de muerta fue trasladada a Granada, y una vez allí, al
identificarse los restos, su cadáver descompuesto impresionó tan vivamente a Francisco
de Borja que le movió a entrar en la Compañía de Jesús, al servicio de
un Amo que nunca se corrompiese.
El negro de la izquierda de la emperatriz es un criado de la
corte, y el perro es uno de los animales preferidos del Emperador. El personaje
que hay al lado de Carlos I y que hasta ahora estaba prácticamente
oculto es el más enigmático: puede ser Juan de Cardona, muy devoto de
los jerónimos, que se había desplazado varias veces a la Murtra para hablar
con sus frailes de problemas delicados. Según Durán y Sampere, Cardona
fue un hombre de vida extraordinaria. En 1527 era abad comandatario del
monasterio de les Avellanes, fue también canciller de Cataluña y en 1531 fue
elegido obispo de Barcelona, pero persistió en sus empresas particulares y no
fue consagrado hasta mucho más tarde, en 1535, cosa que dio serias
preocupaciones al lugarteniente Francisco de Borja. Unos de sus
auxiliares, el obispo Juan de Miralles, fallecido en 1541, está
enterrado en el presbiterio de la iglesia de San Jerónimo de la Murtra. El 31
de enero de 1546, Juan de Cardona celebró misa en dicha iglesia en ocasión
del jubileo otorgado por el Papa por la buena dirección del Concilio de Trento.
Al día siguiente, por la mañana, poco después de oír misa en la capilla de
la vecina Torre Pallaresa, sufrió un ataque y falleció horas después. Si el
personaje es Juan de Cardona, la dama que tiene al lado sería una
sirvienta que le ofrece comida o quizá su propia esposa, Luisa de Blanes de
Sentmenat.
Otra hipótesis es que se trate del propio San Francisco
de Borja, Virrey de Cataluña. Francisco
de Borja y Aragón (1510-1572) era biznieto por línea paterna del Papa Alejandro
VI y por línea materna de los Reyes Católicos, (cuyos retratos están
esculpidos también en la Murtra). De pequeño fue menino de la Infanta Catalina,
hija de Juana la Loca. Entró al servicio de Carlos I y de su
esposa Isabel de Portugal, siendo caballerizo mayor de la emperatriz.
Esta influyó para que se casase con su dama portuguesa Doña Leonor de
Castro. Fue Virrey de Cataluña y durante su mandato, por orden de Carlos
I, para defender la playa de Barcelona, hizo construir el puerto (1541-43).
Al enviudar en 1549, ingresó en la Compañía de Jesús, pero por disposición
de Ignacio de Loyola se mantuvo en estado seglar hasta 1551, en que se
doctoró en Teología por la Universidad de Gandía y fue ordenado presbítero.
Fue llamado a Roma por el Papa en 1560 y nombrado tercer general de la Compañía
en 1565. Murió el 27 de septiembre de 1572 a los 62 años. En la Cappelletta di
San Ignacio (Roma Gesú), se conserva una mascarilla mortuoria que tiene
bastante parecido con el retrato de la Murtra a pesar de que este último está
bastante deteriorado. La dama que aparece a su lado en la citada pintura sería
su propia esposa, Leonor de Castro. La escena tiene un alto valor simbólico
puesto que mientras su mujer le ofrece la bandeja repleta de comida, él está
absorto contemplando la escena del registro inferior, es decir la Santa Cena,
como queriendo indicar su preferencia por el manjar celestial. El pintor, como
hemos dicho, realizó el mural entre 1554-57, es decir, cuando Francisco
ya había entrado en la Compañía de Jesús.
El personaje característico de la barba y la capucha es el
Almirante Andrea Doria (1466/68-1560) que comandó la escuadra imperial
en la conquista de Túnez y que residió varias veces en San Jerónimo de la
Murtra. El animal que tiene el lado izquierdo es su famoso gato. En el Palacio
del Príncipe, en Génova, hay un retrato anónimo del Almirante, también del
siglo XVI, donde se le representa así mimo con su magnífico felino.
El personaje con el cual habla, puede ser el prior de
aquellos años, Fray Pedro Alsina, hijo de Cardona, cronista del
monasterio y además buen cantor y buen músico que con su canto impresionó al Emperador.
Carlos I lo tenía en gran
consideración y muy a menudo buscaba su consejo. También fue consejero de los
duques de Calabria y de los de Cardona. Las fotografías de cerca de la pintura
le muestran con la boca abierta, como si estuviera cantando. Es bien visible la
esclavina de su hábito y su capucha puesta, ya que los frailes solían comer
cubiertos en el refectorio. El hábito de los jerónimos era, en esa época,
blanco y gris, y ello puede explicar que la esclavina y la capucha aparezcan
casi blancas en el mural, debido a que se haya perdido la pigmentación.
Finalmente, la mujer del extremo derecho que está leyendo,
puede ser también una dama de la corte, y su figura es simétrica a la del
negro citado anteriormente.
Esta gran pintura mural puede relacionarse estilísticamente
con el friso que decora la sala principal del Castell Nou de Llinars del Vallés,
un espléndido palacio cuadrangular que construyó la familia Corbera en
1558. Allí también aparecen las cariátides que enmarcan escenas alusivas a
tema heráldico, a los meses del año y a las virtudes.
En un sentido más, amplio podemos relacionar el mural de la
Murtra con las grandes cenas del quinquecento pintadas por Tiziano o por Tintoretto,
donde una galería superior suele servir de excusa para representar escenas
profanas con aves y otros animales exóticos.
El mural de la Murtra no es estrictamente coetáneo a la
escena que representa, sino una evocación histórica, porque en esa época la
emperatriz Isabel ya había muerto (falleció en 1539). El Emperador
falleció en 1556, precisamente en los años en los que la pintura se estaba
realizando. Cabe que fuese hecha a raíz del desenlace del César.
Recordemos que Carlos I murió, precisamente, a la sombra de otro gran
Monasterio jerónimo, el de Yuste.
Felipe II visitó la Murtra en 1581, y su hermana, la Emperatriz
María, viuda de Maximiliano de Austria, lo hizo el año siguiente.
Los dos debieron admirar los retratos de sus padres. También Juan Andrea
Doria, nieto y heredero del gran Almirante, que acompañaba al rey pudo
contemplar el retrato de su valeroso abuelo.
* Publicado en Revista RE (Revista
de Pensamiento y Opinión). 3.ª etapa. número 26. pp. 41-46

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