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Una gran exposición sobre los vínculos vegetales del encuentro
con América
Se ha celebrado en el recinto del Jardín Botánico de Madrid una
interesante exposición titulada “Agricultura Viajera” en la que se ha
pasado revista, en sus tres salas, a los cambios agrícolas y tecnológicos que
se produjeron a ambos lados del Atlántico tras el Descubrimiento. Gracias a éste,
Europa y América modificaron sus hábitos alimenticios en lo que representó la
más grande transformación de la humanidad en muchos siglos.
El azúcar y su historia
La primera sala de la exposición estaban dedicada íntegramente a la
caña de azúcar y a la remolacha azucarera. A su origen, cultivo, elaboración,
manufactura y a sus diversas
utilidades. La caña de azúcar procede de la India y China, y empezó a
cultivarse por los árabes en Al-Andalus hacia el año 961 d.C. Colón en
su segundo viaje hacia América introdujo la caña de azúcar en la isla de la
Española, actual República Dominicana, de aquí se distribuyó por toda América.
En sucesivos años el cultivo de la caña de azúcar se fue
intensificando y mecanizando. En
1750, Brasil incorporó nuevos procedimientos de elaboración, pasando a ser uno
de los países punteros en la producción de caña.
A lo largo del s.XIX, la isla de Cuba tecnificó la elaboración del azúcar.
La necesidad de su comercialización fomenta la aparición del ferrocarril allí,
antes de que hicieran aparición en España. También hubo un incremento del número
de esclavos que trabajaban en plantaciones y plantas de elaboración. La intensa
implantación de este producto hizo desaparecer importantes zonas forestales de
la isla. La economía cubana pasó muchas veces por un aprieto, debido al hecho
de cultivar un solo producto y estar éste regulado por las cotizaciones
internacionales de la caña que podía hacer caer el precio en cualquier momento
y arruinar así el país.
En 1747, el químico alemán A. Marggraf identificó la
presencia de azúcar en numerosas plantas, especialmente en la remolacha. Este
descubrimiento favoreció a países como Rusia, Francia y Austria que no tenían
colonias ni comercio con América. Poco a poco el azúcar extraído de la
remolacha fue sustituyendo al azúcar de caña que aún en 1799 se cotizaba a
precios elevados.
En España, el azúcar de remolacha no fue un producto significativo
hasta la mitad del siglo XIX debido al comercio colonial que se seguía
manteniendo y que le proporcionaba azúcar bastante.
La caña de azúcar no solamente sirvió para obtener este preciado
aditivo alimenticio, sino que también por destilación se elaboraron fuertes
aguardientes.
En esta Muestra de Madrid, se exhibieron también diversos útiles y máquinas
para la fabricación de estos licores.
Plantas vivas, curativas y
alimenticias
La
segunda sala presentaba, en su entrada, un breve muestrario de plantas vivas de
origen americano que se cultivan en España, la mayoría de las cuales viven en
el interior de las casas debido al clima poco propicio para su hábitat en el
exterior.
Esta estancia en su primera mitad estaba dedicada a las plantas
curativas y drogas, como la quina, la coca o el curare. Estos vegetales tóxicos
se encuentran bellamente ilustrados en color en diversos libros expuestos. También
se incluían diversas páginas de herbarios mostrando estas mismas plantas.
Según nos adentramos en la sala, se nos iba mostrando la historia de
la introducción del trigo en América y los diversos procedimientos para moler
su grano. Uno de los instrumentos que se utilizó para ello fue el molino hidráulico
que aprovechaba saltos y cursos de agua para moler el trigo. El molino de viento
casi no tuvo incidencia en tierras americanas debido al régimen de vientos,
muchas veces huracanados que soplan en ciertos lugares de estas tierras.
De una planta llamada yuca o mandioca (Jatropha manhiot), se elabora un
pan llamado cazabe por los indios. Según ellos se puede almacenar largamente
sin peligro de ser atacado por insectos y gusanos. En la sala se nos explicaba
la confección de este alimento.
En la segunda mitad de la sala se hizo alusión detallada a las plantas
alimenticias viajeras.
Una de estas plantas es la patata (Solanum tuberosum), pilar básico en
la nueva alimentación mundial. Se
introdujo en España a mediados del siglo XVI,
cultivándose en Sevilla desde el año 1573, y se incluyó en la dieta de
los enfermos del Hospital de la Sangre.
El descubrimiento del tomate (Solanum lycopersicum), de notables
virtudes, fue bien aprovechado por
los catalanes inventores del sabroso “pa amb tomàquet”, que es el
resultante de refregar la pulpa del fruto en pan añadiendo aceite y sal. Este
ingenioso plato acompaña a diversos manjares bien sean carnes o pescados, y
constituye uno de los resultados culturales más evidentes del encuentro de
Cataluña y América.
El cacao fue para los europeos una de las más preciadas delicias
importadas del nuevo mundo. Recordemos que fue bautizado por el bótanico alemán
Carl von Linee con el nombre científico de “Theobroma cacao”, que
quiere decir, alimento de los dioses. El certamen se hizo eco de la importancia
evidente que tuvo el cacao en Europa, donde
se tomaba fervorosamente. En América se utilizó su semilla como instrumento de
cambio, es decir, como moneda.
Por último, esta sala nos muestra la introducción del café en América
a finales del siglo XVIII, introducción relativamente reciente, ya que el café
procede originariamente de las zonas de Oriente Medio.
Entrando en la tercera sala, pudimos contemplar la historia del
descubrimiento del tabaco por los europeos, así como su posterior elaboración.
Haciendo referencia a la fábrica de tabacos de Sevilla, se incluían utensilios
para la fabricación del tabaco así como diversas pipas, cajas de cerillas y
petacas para guadarlo. Sobre este producto que tanta difusión tuvo en Europa
cabe recordar que fue el fraile jerónimo
Ramón Pané, primer
evangelizador de América, que salió del antiguo
Monasterio de la Murtra en
Badalona, quien en 1524 mandó las primeras semillas del tabaco al
Emperador
Carlos I.
Se hizo alusión
también en esta sala, a la importancia que tuvo y está teniendo en la
actualidad, una substancia lechosa extraída de un árbol llamado “Hevea
brasilensis” o árbol del caucho, oriundo de la cuenca amazónica. En esta
materia prima de múltiples aplicaciones, se basó y siguen avanzando grandes
industrias.
A medida que nos adentramos en esta tercera sala, encontramos detallada
información sobre la construcción de puentes construidos a base de diversos
materiales vegetales. Estos puentes
servían para unir montañas por entre las cuales discurrían caudalosos ríos.
Para la confección de las cuerdas se extraían unos resistentes hilos
de las pitas (Agaave americana), y bejucos trenzados procedentes de un arbusto
llamado ioké.
La última parte de la sala estaba dedicada a la importancia de los
tintes naturales extraídos de plantas y animales que utilizaban los indígenas
para tatuarse o bien para dar color a sus tejidos. La inclusión de diversas
ropas coloreadas con estos tintes nos dio fe de ello.
Gracias a clérigos, soldados y marineros que con su heroico ir y venir
cruzando el temeroso Atlántico, cargando en frágiles naves multitud de
simientes y vegetales vivos, plantados de manera provisional hasta llegar a
tierra firme, fue como se pudieron avivar,
hacer crecer y mimar con cariño, nuevas plantas no conocidas hasta
entonces en nuestros respectivos continentes. Estos hechos, fuente de cultura y
progreso, significaron un verdadero auge, ya fuera en las costumbres
alimenticias, ya en la transformación ecológica de ambos mundos que jamás,
desde entonces, han sido superadas.
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Publicado en la revista RE (Edición
castellano), 3.ª etapa, número 26. pp.39-40.

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